La virtud de la templanza

Comparto con vosotros mis notas de la lectura del capítulo sobre la Templanza del libro Virtudes de Juan Luis Lorda

Templanza o Moderación (Modus = medida)

Hay que moderar, entibiar, suavizar la fuerza de las pasiones y en particular el impulso de los deseos de placer, si no, se convierte uno en su esclavo y acaban dominando la conducta de uno mismo. Esto puede llevar a tener dificultades importantes en la vida social.

La templanza es un hábito. Hay que practicar.

El que no aprende a poner freno a sus impulsos interiores pierde su libertad. Incluso los impulsos nobles y grandes (Amor/Justicia) necesitan la medida de la razón.

Los sufrimientos de la vida, en el budismo, proceden de las complicaciones que nos traen los grandes deseos (placer/ bienes pasajeros/ sobrevivir).

El ascetismo cristiano es desprenderse de uno mismo para amar bien a Dios y al prójimo.

Si quieres hacer feliz a un ser humano, no le satisfagas sus caprichos, ¡Quítaselos! (Seneca )

No te crees más necesidades. Serás esclavo en lugar de ser más libre.

Si se puede pasar con menos, es mejor. Si no la vida se consume en cosas que en realidad no son importantes.

Todo lo que da gusto tiende a reforzarse y necesita control para que no dañe nuestra salud, no consuma las energías de la vida y no nos impida hacer lo que tenemos que hacer.

Triunfo, patrimonio y prestigio no son lo más importante de una persona. Necesitan equilibrio. Ayudan a vencer la pereza y la timidez, pero pueden convertirse en demonios avasalladores que se apoderen de una vida, rompan todos los equilibrios, agoten las fuerzas de uno y lo lleven al precipicio.

La templanza es una llamada a repartir el interés y el esfuerzo entre lo que nos apetece, las tareas que tenemos que hacer y las personas que tenemos que atender.

No es sano despreciarse a sí mismo, ni sentir muy mal de uno mismo. Tampoco es sano un desproporcionado amor propio que nos impida prestar atención a las necesidades de los demás.

No es que los placeres sean pecado, es que vivir pendiente de ellos desordena la existencia, genera egoísmo empobrecedor y hace nuestra vida inútil para los demás.

En una mentalidad consumista hay que satisfacer cuanto antes el propio egoísmo y toda insatisfacción se convierte en trauma. Pero no se puede ver a los demás como un artículo de consumo que tomo sólo cuando me apetece. La amistad es un gran bien, pero no es un bien de consumo. No se pude comprar cuando apetece y devolverlo cuando no nos gusta.

Antes que el amor propio está el amor al prójimo. Quien lo invierte padece una enfermedad espiritual.

No puede haber verdadero amor si cada uno no aprender a prescindir de si mismo para hacer la vida más amable al otro.

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